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12 SEP 2026

La Nouvelle Vaguits

"Tenemos que hablar" (2026) — Verónica Leiva

¿Qué pasa cuando tenemos que hablar, pero no hay ninguna palabra? ¿Cómo funcionan nuestros sentidos cuando atravesamos un duelo? ¿Qué pasa cuando nuestra única respuesta ante la existencia del otro, es mirarlo inmovil, como una estatua? Una estatua con la mano apoyada en el mentón en no más ni menos que el parque 9 de Julio, o estamos en una película de la Nouvelle Vague. ¿Qué importa?.

En un momento en el que el modelo de producción audiovisual nos exige el uso de las referencias para guiar al equipo sobre la manera en la que queremos materializar nuestra historia, o quizás para convencer a algún ente financiador que nos dé dinero y poder con nuestro corto cancelar alguna que otra deuda; Verónica Leiva, en su nuevo cortometraje "Tenemos que hablar", demuestra de manera magistral que las referencias pueden interiorizarse, vivirse y parirse en un nuevo uso de estos artificios. Los modelos lingüísticos que la atravesaron de sus referentes se perciben, pero no se sienten como un homenaje, sino como alguien que aprendió, de tanto leer, a escribir en lenguaje audiovisual. Suma así una nueva mirada al cine tucumano y con estas formas, ahora suyas, escribe este cortometraje.

Del paso del tiempo solo se escuchan las agujas del reloj, ya no hay futuro ni pasado, ni aquí ni allá y la linealidad pierde todo su sentido. Lucrecia Martel nos advierte que caer en las banalidades de la estructura clásica es caer en el peligroso engaño del mundo hipercapitalista donde el argumento y la imagen le ganan por su peso al resto de las cosas. Veronica se apoya en el sonido y en la música, sin miedos y con una delicadeza como pocas. Rompe con la lógica occidental grecorromana del argumento, mientras juega con ella y nos lleva por un camino. ¿Es una separación? ¿Es la muerte? ¿Es el paso del tiempo? ¿Es una conversación en un café? ¿Es un viaje? ¿Qué importa?.

¿Dónde estamos? ¿Qué va a pasar? Qué. Carajos. Importa.

Lo que sí cobra gran importancia es el regreso al presente. Donde el recuerdo, la observación y la sensaciones se mezclan, como en la vida, en la mirada de la directora, y por lo tanto en el cuerpo de su espectador.

El agua, los reflejos, el viento, el sonido, el tiempo, la música, el arte, la vida, la muerte, una playa de estacionamiento.